Dr. Nicolás Fernández ToroMédico Salud Mental
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Trabajo y salud mental

Estrés laboral, burnout o depresión: por qué importa distinguirlos

No son sinónimos. Confundirlos puede llevar a tratamientos inadecuados o a minimizar un cuadro que requiere atención.

5 min de lectura

Tres personas llegan a consulta con síntomas similares: cansancio, dificultad para concentrarse, irritabilidad, problemas de sueño, sensación de que el trabajo ya no tiene sentido. Las tres relacionan lo que sienten con el trabajo. Pero las tres tienen cuadros distintos que requieren respuestas distintas.

Estrés laboral

El estrés laboral es una respuesta al desajuste entre las demandas del trabajo y los recursos disponibles para enfrentarlas. Cuando el estresor disminuye —fin del proyecto, cambio de jefatura, período de vacaciones— los síntomas tienden a mejorar. El cuadro es reactivo y proporcional al contexto.

Burnout

El burnout es un síndrome de agotamiento crónico vinculado al trabajo. Incluye tres dimensiones: agotamiento emocional y físico, distancia mental del trabajo o cinismo hacia él, y reducción de la eficacia profesional. Puede mantenerse aunque el estresor disminuya, porque el agotamiento ya está instalado.

Depresión

La depresión clínica puede ser precipitada por el trabajo, pero una vez que está presente, suele mantenerse aunque las condiciones laborales mejoren. Los síntomas se generalizan —no solo al trabajo, sino a todas las áreas de la vida. El sueño, el apetito, la capacidad de sentir placer, la concentración y la visión del futuro se ven afectados de manera más amplia.

Por qué importa distinguirlos

Una licencia médica puede ser pertinente en los tres casos, pero por razones distintas y con planes de seguimiento distintos. En el estrés situacional, el reposo puede resolver el cuadro si va acompañado de cambios en el contexto. En el burnout, el reposo es necesario pero no suficiente sin un trabajo de recuperación. En la depresión, puede ser necesario un tratamiento específico —farmacológico, psicoterapéutico o ambos— para que el reposo sea realmente terapéutico.

Confundir los tres lleva a minimizar cuadros que requieren tratamiento o, al revés, a medicalizar lo que podría resolverse con cambios contextuales.

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